El análisis de inversiones es uno de los lugares comunes dentro de la Gestión económico financiera. Y es que en la gestión de proyectos, en la apertura de un negocio, en las empresas en general, en la gestión del patrimonio e incluso en la vida privada, allá donde hay una expectativa de beneficio fundamentada en la inversión previa de ciertos recursos, surge automáticamente la necesidad de valorar su atractivo y su riesgo.

Dentro del terreno profesional y empresarial, la generación de ciertos resultados requiere de la inversión previa en ciertos activos, inversión de la cual se espera obtener cierta rentabilidad. Bajo un prisma económico financiero, los activos aportados al negocio no son sino aplicaciones a su vez de pasivos (capitales y aportaciones procedentes de inversores, socios o accionistas, capital ajeno obtenido por vía bancaria o por fuentes de financiación alternativas, etcétera). Así, en un balance de situación, los activos explotados se financian con los recursos propios y ajenos representados por patrimonio neto y pasivo, masas dinerarias que siempre tienen un coste, aunque a veces no seamos muy conscientes de ello.

En definitiva, detrás de cada inversión no sólo cabe considerar la masa monetaria invertida en ella, sino sus costes inherentes, de entre los cuales los más evidentes son los intereses financieros derivados del acceso a dicho capital, pero también otros como el coste de oportunidad relativo al resto de inversiones alternativas a las que se pudo haber accedido, el impacto de la inflación o los riesgos asumidos por la empresa, aspectos algunos de los cuales la contabilidad analítica ignora.

Por definición y por lógica, la rentabilidad que se obtiene de los activos (return on investment) debe ser superior al coste del pasivo. Pero también por una necesidad de supervivencia de la empresa, ya que si de las masas invertidas se obtuviese una rentabilidad negativa, la inversión se perdería parcial o totalmente, y la empresa se descapitalizaría.

Por todo ello, es necesario un cuidadoso análisis de la inversión antes de adoptar la decisión, pero también durante la vida de la inversión así como a la conclusión de la misma, a fin de evaluar potencialidades y resultados. Y pese a ello, la realidad de las inversiones pone en ocasiones de manifiesto desenlaces inesperados.